
Hace ya algunos años, Luis Alvarez, nuestro Presidente, me explicó su proyecto de contribuir al desarrollo de la pequeña isla de IBO, en el lejano Mozambique. Mi primera reacción fue: hombre, por qué no hacer algo por quien no ha tenido la suerte, como yo, de nacer y crecer en un país desarrollado, y la segunda: ¿por qué te complicas la vida yendo tan lejos cuando mucho más cerca, hay una gran demanda de ayuda de todo tipo?
La respuesta a la primera cuestión podría haber sido “simplemente” hacer una aportación dineraria a una o varias de las muchas ONG que existen y ya está. Sin embargo el proyecto de Luis respondía a aquel principio de “no les des peces, enséñales a pescar”. Como economista y como persona, estoy absolutamente en contra del principio del subsidio caritativo sin más, porque fomenta la gandulería y desmotiva el esfuerzo, que es una condición imprescindible para el progreso. Por consiguiente, el proyecto IBO contenía un atractivo: el reto de llevar a la práctica algo distinto.
Respecto a la segunda cuestión, llegué a la conclusión que hay dos respuestas: la primera es que Mozambique está entre los “top ten” países más pobres y desgraciados del mundo y, por consiguiente, entre los más olvidados del planeta; y la segunda reflexión fue que, al tratarse de una isla, se podrían valorar con menos dificultad los resultados de las acciones que se emprendieran, porque se trataba de un ámbito relativamente protegido de ingerencias y perturbaciones del entorno.
Pero lo que finalmente me decidió a colaborar en el proyecto fue que la población de IBO no pedía donaciones sino ¡trabajo!.
Así que nos pusimos manos a la obra para confeccionar un “Business Plan” para IBO; si, como si fuera una empresa en la que los resultados de las acciones se medirían en base a una “tasa social de retorno”. Bajo la eficiente dirección de Joan Alemany, se confeccionó un “Master Plan” que finalmente fue aprobado por las autoridades correspondientes y que constituyó la guía y referencia para poner en marcha todo lo que se ha venido haciendo desde entonces.
Como todos los inicios, los primeros años fueron difíciles; había que pasar por el proceso de aprendizaje. Pero poco a poco hemos ido progresando y mejorando con esfuerzo, perseverancia y, sobre todo, gracias a la inestimable e imprescindible ayuda de socios y donantes.
Ahora podemos decir que la Fundación IBO, aún siendo “pequeñita” contribuye a que una población paupérrima pueda tener expectativas reales de mejorar su situación de forma autosostenida.
¡Vale la pena!
Francisco Wendt
Patrono Fundación Ibo

Una de las grandes noticias que nos ha traído el 2009 es la finalización de la segunda fase del proyecto de rehabilitación, potabilización y saneamiento de pozos. Para ello hemos contado con la importante colaboración del Col·legi d'Enginyers de Camins, Canals i Ports de Catalunya y de la Fundación Paideia Galiza. Su misión era la de abastacer a la población de agua potable, de acceso fácil gracias a pozos de mecanismo manual. Pero además pretendía también reducir la incidencia de las enfermedades derivadas del consumo de agua contaminada. Además se buscaba también promover la implicación de la comunidad en la gestión y el mantenimiento de los pozos. Por ello ha sido necesaria una actuación de la Fundación Ibo en 3 áreas fundamentales: la rehabilitación, la sensibilización y la gestión.
El primer aspecto se inicia con la identificación de los pozos en mal estado, así como la valoración del coste de su rehabilitación. Para localizar los pozos más necesitados de intervención fue necesaria la participación de distintos entes administrativos y líderes locales (cheffes do bairro). El proyecto inicial contemplaba la rehabilitación de unos 10 pozos, que ha sido aumentada finalmente hasta 14. En la mayor parte han sido restaurados el perímetro del pozo, la canalización y la arqueta de drenaje, se han colocado nuevas bombas manuales y se han habilitado además lavaderos (que en algunos casos ha debido ser construido de nuevo). En otros casos sólo ha sido necesario reajustar las bombas, recolocando varetas y cilindros. Finalmente, y en todos los casos, se procedió a su desinfección y clorado. Los trabajadores contratados para la realización de los trabajos provenían, como ya es norma en la Fundación, de la propia isla. Todo el material preciso (de construcción y de limpieza de los pozos) para llevar a cabo el proyecto, ha sido adquirido en Pemba, con la dificultad añadida que eso conlleva.
El segundo grupo de actividades está relacionado con la sensibilización de la población autóctona en relación a la propagación de enfermedades relacionadas con el agua. Para ello es necesario realizar una labor educativa sobre los hábitos higiénicos relacionados con su consumo, así como alrededor del buen uso de los pozos. Aunque es muy díficil realizar una estadística sobre la cantidad de población sensibilizada, algunos informes consideran que se logró acceder a un 40% de los 4.000 habitantes de la isla, esencialmente mujeres y niños. Especialmente interesante en este sentido son las actividades dirigidas a la población infantil, ya que sientan las bases para un correcto uso y disfrute del agua de cara al futuro. Uno de los elementos fundamentales y diferenciales que caracterizan a la Fundación Ibo es su vocación por la educación, formación de la población local, como ha quedado una vez más demostrado en este caso.
Finalmente se estableció un modelo de gestión que integrara directamente a la población. Si el fin último de la Fundación Ibo es promover la auto-sostenibilidad de la isla, es necesario trabajar bajo el paraguas de la corresponsabilidad. Ello supone ceder la responsabilidad sobre la correcta gestión y uso de las fuentes de agua potable. Para ello se constituyeron unos comités locales, que fueron además formados sobre el correcto uso y mantenimiento de los pozos. Los comités del agua están formados por un responsable de mantenimiento, otro de sensibilización y uno dedicado a la tesorería. Además de elegir a sus miembros mediante votación, se decidió también (con el 92% de los votos) constituir un fondo de mantenimiento a ser sufragado por las familias beneficiarias.
La conclusión de esta fase del proyecto ha renovado nuestro optimismo sobre el éxito de las iniciativas de potabilización en la isla, sobre todo en los barrios más pobres como el de Rituto. Cada pozo es un paso pequeño pero importante para conseguir que el derecho universal al agua potable sea, en Ibo, una realidad. Éste será, una vez conseguido totalmente, un pilar básico para lograr nuevas metas hacia la autosostenibilidad de la isla.

La costura ha sido tradicionalmente una actividad realizada por hombres en Mozambique. Ahora, Fundación Ibo ha puesto en marcha un taller de costura para chicas jóvenes (entre 13 y 16 años) con el objetivo no sólo de que aprendan una actividad que les pueda generar unos ingresos, sino de ofrecerles también formación en otros aspectos, como la gestión de pequeños negocios. Las mujeres han sido normalmente marginadas de alfabetización y todavía más de una formación cualificada. Ello empuja la gran vocación innata de las mujeres por aprender así como una enorme motivación, satisfacción y orgullo al completar un trabajo.
El proyecto, que ha sido posible gracias a la inestimable colaboración de la Fundación María Francisca de Roviralta, se inició finalmente el pasado mes de noviembre. Se ha logrado contar con la participación de dos costureros (Andaruce de Ibo y Amade Chipoca, venido de Pemba), y disponer de 5 máquinas de coser y otra de remates así como materiales varios de soporte. En Pemba, se han adquirido también hilos, agujas y forros. Con todo ello, y el uso de materiales locales (además de las telas: flores secas, conchas, madera…), se están ya obteniendo resultados más que positivos del trabajo . Las combinaciones surgidas de todos éstos han resultado ser más que originales, aunque se echan de menos algunos accesorios como cremalleras, botones, hilos de colores variados o belcros, que podrían enriquecer aún más las piezas.
A pesar de su alentador comienzo, el taller no se encuentra todavía a pleno rendimiento, y tiene potencial para ir más allá. De momento todavía no se encuentra habilitada la sala cedida a tal efecto por la Administración en la Fortaleza de Ibo. Una vez esté completamente restaurada se podrá incrementar notablemente el número de alumnas, así como aumentar las máquinas de costura e incluir otros materiales necesarios (mesas, sillas, colgadores etc.).
La educación de las mujeres es un aspecto importante para el desarrollo de la isla. Las niñas ya están empezando a ir a la escuela. Para las mujeres adultas, y a los 16 años las chicas de Ibo ya asumen responsabilidades como tales, la formación cualificada supone abrir nuevas puertas y oportunidades. Ello ha permitido que, a pesar de que sus roles tradicionales se sigan manteniendo, muchas mujeres estén empezando a estudiar en busca de un futuro mejor. Fundación Ibo quiere, en este sentido, ayudar a mejorar el acceso de todas ellas a su formación y enriquecimento personal y profesional.

La malaria es una de las grandes pandemias de la población de Ibo. De momento, y en espera de otras soluciones, la prevención es el mejor arma para luchar contra ella. Una de las vías más importantes para su prevención es la sensibilización para el uso de redes mosquiteras. Una donación particular realizada en el año 2007 permitió comprar una dotación de éstas que fueron distribuidas entre toda la población.
Pero además del reparto de las redes mosquiteras, la sensibilización sobre la prevención y el correcto uso de éstas debe ser un eje central de la lucha contra la malaria. El grupo de teatro local, culamuca, quiso reforzar el mensaje mediante la creación de un espectáculo adhoc para explicar, de manera amena y sencilla, todos los aspectos relacionados con ésta.
También y gracias al trabajo de la voluntaria Nuria Piera se realizó, durante los meses de octubre y noviembre de 2008, una labor de seguimiento y de control del uso de las mosquiteras. El estudio descubrió que, pese a que prácticamente la totalidad de hogares visitados tiene como mínimo un red, algunas se encontraban en mal estado. En su mayoría se trataba de mosquiteras viejas, adquiridas antes del proyecto de reparto de la fundación. Por otro lado, hay también un porcentaje de usuarios (alrededor del 11%) que no utilizaba la red de manera correcta. En el caso de los ancianos, uno de los colectivos más atacados por la enfermedad, la situación es especialmente precaria, debido a sus pésimas condiciones de vida.
El seguimiento realizado durante estos 2 meses permitió, además de conocer de primera mano la situación real y de uso de las mosquiteras, realizar una cierta labor de sensibilización en los hogares. En primer lugar se recalcó la importancia de usar la mosquitera siempre (incluso cuando el calor y la humedad la hacen más incómoda, justamente en el período de mayor riesgo). También se hizo un pequeño recordatorio en clave didáctica sobre cómo deben usarse y lavarse las redes correctamente. Los resultados del trabajo realizado han sido enormemente positivos, como ha quedado reflejado en el considerable aumento de la adquisición de redes tras la presencia del equipo en las aldeas.

El traslado de enfermos desde Ibo, donde no hay una asistencia sanitaria completa, hasta Pemba para su hospitalización, es una tarea necesaria, pero de logística complicada. En muchos casos, no sólo hay que proporcionarles el transporte, sino que supone una dedicación intensiva, incluso previa al propio ingreso hospitalario: tratamiento pre-quirúrgicos preventivos contra sífilis o sida, análisis de sangre, citas con el anestesista, charlas con el médico etc. Todo ello implica varios traslados, visitas al hospital y provisión para comida y medicinas. Además, la Fundación sufraga la estancia hospitalaria. Posteriormente, y durante su período de convalescencia, también es necesaria una organización específica para la acogida de los enfermos hasta su regreso a Ibo.
La tarea asistencial antes, durante, y después del tratamiento es por tanto básica y requiere una logística especial. Pero, el transporte desde la isla hacia el continente se está convirtiendo también en cada vez en más importante. Parece muy necesario mejorar la infraestructura y la fluidez de las comunicaciones entre ambos, no ya sólo para que la llegada de los materiales necesarios sea más fácil, sino también para, como es el caso, poder proporcionar con mayor agilidad este servicio de gran interés humano. Como probablemente recordaréis, la Fundación Ibo puso en marcha la construcción de un barco con objeto de mejorar este transporte. Actualmente el barco necesita unos mantenimientos de calafateo, pintura y cabos. Por todo ello, agradeceríamos a todas aquellas personas interesadas en colaborar, que nos mandaran toda la ayuda posible en este sentido.
Pese a que el traslado de enfermos es un trabajo complejo, proporciona también grandes recompensas. Se trata de trabajar no con piedras, ni con madera o materias primas, sino con personas. Allí dónde el hospital de Ibo se muestra impotente, se les abre una puerta a la esperanza. Y su agradecimiento es infinito. ¡Qué menos que hacer algo por todos ellos! Es un gesto importante. De momento este mes ya tenemos tres nuevos enfermos para operar.

