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EDITORIAL

  07.11.2008

Una de los muchos atractivos que tiene este “oficio” de Consultor de Recursos Humanos, es la cantidad de gente interesante con la que uno se tropieza en su quehacer diario, personas que te abren la mente en algunos temas, te sorprenden en otros y te reafirman en alguno de tus propósitos. Haciéndote entender que al ser humano, en entornos parecidos, le pasan las mismas cosas y tienen sentimientos parecidos.

Hace unos meses tuve la oportunidad de entrevistar a una de las más exitosas ejecutivas financieras  de una de las primeras entidades bancarias dedicadas a la gestión de patrimonios. Hablando de cuales eran sus mejores logros me introdujo una reflexión que vino a confirmar algunas de mis ideas: [i]“De lo que me siento más orgullosa es de haberme dado cuenta de que he perdido el interés por hacer más ricos a los ricos y de que mi labor profesional empezará de nuevo a tener sentido cuando haga algo por esta gente del tercer mundo que muere en silencio cada día, que cada día se conforma con ganarle un día a la muerte, sin esperar más”[/i]
Tecleando ahora estas líneas, aún retumba en mi cabeza tan clara forma de expresar una de las responsabilidades que empresas, instituciones y personas tienen en el afán de conseguir que las diferencias entre este nuestro primer mundo y el llamado tercer mundo, disminuyan. Esta cooperación con los menos afortunados es uno de los vectores, para mi, el más interesante de la llamada RSC.

Dentro de este capítulo de RSC, que en la actualidad, además, forma parte de los logros que figuran en las memorias de las empresas, se están destinando parte de los beneficios empresariales a actividades de cooperación desde diversas perspectivas. El sistema fiscal ayuda también a este tipo de prácticas y son muchas las organizaciones (ONG,s) a través de quienes se pueden canalizar estas ayudas.

Al mismo tiempo y desde la perspectiva de los Recursos Humanos, la RSC es un potente elemento cohesionador. Las empresas siempre están buscando oportunidades de integración, elementos vertebradores de cohesión entre sus colaboradores, fuentes que alimenten eso que podríamos, coloquialmente, llamar como “llevar la camiseta”. Y en este sentido, insisto, las actividades de cooperación llevan en su ADN ese tipo de elementos cohesionadores.

Una de las iniciativas más brillantes que conozco es la de poner de lado a empresas y empleados para obtener fondos destinados a la cooperación. Se trata de crear un comité de seguimiento paritario,  que decide mensualmente a que tipo de iniciativa va a donar los fondos obtenidos, fondos que provienen de la donación, por ejemplo, de un euro cada mes por parte de cada empleado que se complementa con otro euro por mes y empleado por parte de la empresa. Aparentemente parece que es un esfuerzo pequeño pero se trata de algo que puede aportar resultados espectaculares por que en un mundo en el que casi todo escasea, cualquier aportación es bienvenida, bien aprovechada y bien recibida.

He visto la fuerza que tiene este tipo de acciones en manos del colectivo que conforma una empresa. La gente recibe una recompensa inigualable y tiene la sensación de que está haciendo algo que va más allá del beneficio personal. Las empresas que abordan esta u otras iniciativas de RSC, en el tercer mundo alejado o en ese otro tercer mundo que está más cerca de nuestra casa, merecen el respeto de sus trabajadores que consideran que vale la pena formar parte de un espíritu que va más allá del mero beneficio para el accionista, factor que siendo el más fundamental para garantizar la permanencia de las empresas en el mercado, no suele ser el factor que moviliza a los empleados y no es esencial en algo que todas las organizaciones deben tener: alma.

En fin. Me gustaría imaginar un mundo distinto,  como decía John Lennon en su mítica canción IMAGINE, un mundo en que las empresas tuvieran dentro de sus códigos de conducta, escrita a fuego esta voluntad de ayudar a que este planeta sea un lugar un poco mejor, un lugar en el que existan personas que prefieran desarrollar a los más desafortunados aunque sea a costa de no hacer más ricos a los ricos. De hecho muchos empresarios han iniciado de forma seria y rigurosa (Bill Gates sería uno de los paradigmas) esta inversión en algo que da beneficios a corto, medio y largo plazo: El desarrollo sostenible de grupos sociales y de países que necesitan nuestro apoyo para poder avanzar y tener una vida suficientemente digna.


Juan José Planes
Director General
Konsac, S.A.
Vicepresidente de  Fundación Ibo


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