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Editorial

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Editorial Newsletter noviembre 2009

  21.01.2010

Recuerdo el día en el que mi tío Juanjo Planes y posteriormente mi amigo Luis Álvarez, me invitaron a una cena para colaborar en una Fundación. La Fundación Ibo.

No negaré haber asistido con mi mujer un tanto “obligado” y con cierto “compromiso” pero lógicamente y ahora que todos sabéis el orgullo que siento de ser patrono, os diré que esa cena nos dejó francamente emocionados. Desde entonces y hasta hoy, mi compromiso con la Fundación es y será total.

Parece incongruente que pedir una suma de dinero tan insignificante para el donante y tan inalcanzable para el que lo recibe sea tan complicado. La sociedad, y ahí me incluyo a mi mismo, tiene un verdadero complejo a la hora de pedir una ayuda para los más necesitados, pero he comprobado que el pudor desaparece y te da fuerzas para seguir trabajando en la financiación de este proyecto, cuando ves a tanta gente involucrada de forma tan altruista y profesional como lo hacen todos los miembros, empleados y voluntarios de esta fundación.

¿Sabéis que el 95% de la riqueza que hay en el mundo está repartido entre el 1% de la población? Datos como estos, realmente te hacen poner los pelos de punta, ¿Tan mal repartido está el mundo?.

Ayudar sin esperar nada a cambio es una sensación muy gratificante.

Creo que el éxito que tiene esta fundación se debe básicamente a la ilusión. Sería falso por mi parte el pensar que podemos vivir con mucho menos y que debemos aprender de tanta gente humilde y feliz que hay en el planeta. Supongo que hay un poco de verdad y un poco de fantasía en todo esto, porque si bien es cierto que todos podríamos vivir con menos, también es verdad que nacemos y vivimos donde lo hacemos. Bajo unas normas, una sociedad, un estilo de vida, y un materialismo que sería hipócrita no admitir que es parte de cada uno. Dicho esto, pertenecer o colaborar con una fundación no tiene que cambiar  el estilo de vida de nadie pero si que es inevitable el hecho de que cambie la percepción de ética y moral que debemos tener hacia el resto de la humanidad.

La Fundación Ibo debería seguir haciendo exactamente lo que está haciendo hasta ahora. Darse a conocer, inscribir nuevos miembros y por supuesto sensibilizar a la gente y seguir trabajando para los nativos de la isla y su gran proyecto, conseguir que la Isla de Ibo pueda ser auto sostenible, es decir, que genere los suficientes recursos para auto financiarse.

Finalmente y si me lo permitís, creo que para lograr esto es simplemente un problema de actitud de todos nosotros y de la sociedad en general.

Un cordial saludo y gracias a todos por vuestra ayuda.

Jordi Nieto
Patrono Fundación Ibo